Asier llegó a nuestra clínica gracias a una "broma" de su profesora para que le revisaramos la vista. La madre ya sabía antes de llamarnos que nuestra evaluación sería diferente a la que hace un oftalmólogo. Inicialmente Asier tenía problemas de aprendizaje porque con 6 años confundía letras y números al copiar de la pizarra, pero aparentemente los veía bien. Para él esto era un ejercicio muy difícil. Pero su problema no sólo era ese. Nos lo cuenta su madre.
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Desde que Asier era muy pequeñito, yo notaba algo, no se sabe qué es, creo que lo he leído en muchos testimonios, es un niño listo, sociable, cariñoso, simpático, muy agudo pero…Hay algo, no sabes qué es, pero que como padres sabes.
Asier, desde que era muy pequeñito, me hacia comprarle todo tipo de pinturas para hacer en casa, pero cuando llevaba un minuto ya no quería dibujar más, estoy hablando con tres y cuatro años, un minuto o dos no más. Y al día siguiente igual, parecía como que quisiera pero no pudiera. Pero era pequeño, y yo no pensaba mas. Pero un minuto y ninguna forma, solo rayas en un papel, en ocasiones tan fuertes que rompía el papel.
Pero lo llevábamos bien, era pequeño, cada niño tiene su ritmo. Quizás internamente pensaba que a lo mejor si que pasaba algo, pero intentaba no dar mayor importancia porque yo sabía que mi hijo era un niño muy listo. Es una sensación muy extraña y muy difícil de exteriorizar.
Y, un buen día, en primero de infantil, con tres añitos, su profesora me dijo, que no atendía, que no le salían las fichas que ella le mandaba y que le iba a poner en las notas que necesitaba mejorar. Me puse furiosa, no lo podía creer, con tres años y lo suspenden. Me dijo casi que mi hijo era un futuro fracaso escolar. La gente que se dedica a la pedagogía debería estar mejor formada. Lo saqué inmediatamente de ese colegio.
Y mejor. En el colegio nuevo, con mucha paciencia y mucho cariño le enseñaron a disfrutar dibujando, y aunque se cansaba igual, ya hacia formas y dibujos bonitos, hasta que entro en primaria, antes de terminar el primer mes. Mi hijo, tan feliz, con tanta energía, tan listo, se encuentra totalmente deprimido. Decía que no sabía hacer nada, que no le salía nada, que era el que peor lo hacía todo de su clase. Yo no sabía qué hacer.
Una tarde me dijo que su profesora le había dicho que tenia que ir al oculista. Debo decir que sus revisiones de la vista se las hacía su pediatra y nunca había visto ningún problema en él, y yo tampoco. Hablé con su profesora y me dijo que lo del oculista había sido una broma, pero que ella notaba algo en Asier, quizás déficit de atención, dislexia, no sabía. Hacía inversiones en letras y números y se bloqueaba, y que fuéramos a ver a un psicólogo.
No busque un psicólogo. Mi hijo tenía 5 años, pero por la bromita de la profesora del oculista y después de desesperadamente buscar algo que nos ayudara, di con el blog de Rosa y me sentí muy identificada con muchos de los testimonios. Llamé, les expliqué y evaluaron a Asier.
Además de problemas visuales, Asier tenía activos, casi todos los reflejos primitivos que afectan al aprendizaje. Empezamos la terapia con Laura y después de un año y pico, tenemos el alta y revisiones cada cierto tiempo.
Es un trabajo muy duro, especialmente para él, pero para nosotros también. Es cada día, sin vacaciones pero es tan increíble la evolución.
La mejor prueba, además de que todos sus problemas visuales y de reflejos se solucionaran, es que Asier es de Diciembre, es decir, tenía el handicap de ser el pequeño de la clase, y ha estado durante todo el año pasado y comienzos de este al lado de la profesora, ya que era al que más le costaba leer, escribir, etc, pues, hace poco, Asier me dijo que le habían cambiado de sitio. Yo le preguné "¿Y eso?" Y me dijo "Es que hay otros niños que leen peor que yo y necesitan estar con la profesora". Ese día fui muy feliz.
Además, con la implicación de hacer una tarea diariamente, se ha vuelto mucho más disciplinado, más ordenado. Está feliz, le encanta ir al cole, lo pasa muy bien. Es increíble el cambio que ha dado.
Yo he hablado con padres que notan algo en sus hijos. Algunos cuando les explico, me ponen cara de espanto al saber que es una terapia que hay que hacer cada día, es un trabajo duro y hay que invertir tiempo, pero para mí es el mejor trabajo y la mejor inversión que he hecho en mi vida.
Muchísimas gracias a todo el equipo y especialmente a Laura, que nos ha cuidado muchísimo durante estos meses y ha hecho un trabajo impecable. Un gran trabajo.
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Laura:
"Cuando Asier llegó a nosotras, su madre estaba muy preocupada por todas las dificultades que observaban en su día a día, sobre todo querían que Asier fuese feliz tanto en su vida diaria como en el colegio, por ello desde el primer momento trabajaron con dedicación con el objetivo de ayudarle todo lo posible. Es una familia que hn sabido trabajar sin descanso y sin saltarse una sola sesión.
Asier al ver que iba mejorando con las actividades que le mandaba, empezó a tomárselo muy en serio para su corta edad, y cada vez, venía más contento y alegre. Estaba muy orgulloso de saber que podía escribir y leer tan bien como lo hace ahora. ¡Es admirable ver como han trabajado! ¡Enhorabuena por Asier y su familia! ¡Fue muy fácil ayudaros! :D"
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miércoles, 5 de abril de 2017
Testimonio - Un niño triste que pensaba que todo lo hacía peor que otros.
Publicado por
Rosa M. García Hdez
en
3:04 a. m.
jueves, 8 de septiembre de 2016
Testimonio - Pensé que jamás le gustaría leer a mi hijo.
De nuevo os ofrezco una luz al final de vuestro camino. Otra madre ha querido compartir la historia de su hijo y su familia para intentar ayudar a otros padres que anden un poco perdidos con las dificultades escolares de sus hijos. Lo que más me gusta es lo que dice esta madre en el último párrafo:
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Quisiera compartir con otras familias mi experiencia con las terapias sobre la visión por si alguno se siente identificado y pueden ayudarle.
Tengo un hijo que ahora tiene 12 años y ha terminado primero de la ESO con buenas notas. Como a la mayoría de los niños, le encantaba que le leyera cuentos desde bebé. Como a mí me gusta mucho leer, era una cosa que hacíamos a diario. Sin saber leer, era capaz de recordar los títulos de los cuentos y el orden en la que estaban en el libro con una sola vez que los leyera, así que pensé que cuando empezara a leer iba a ir corriendo a por los libros a leerlos el mismo.
Aprendió a leer normalmente en el último año de infantil, de hecho fue de los primeros que aprendió… pero no quería saber nada de leer el sólo. Al principio no le di importancia y le seguía leyendo yo y las cosas iban normalmente en el colegio con un buen rendimiento.
Las cosas se complicaron en tercero de primaria. Comenzó a tener tareas muy pautadas, copia de enunciados, textos… Eso fue un infierno. Era imposible avanzar en las tareas. Actividades de media hora se alargaban hasta 4 horas. Además tenía mala letra y presentación de los trabajos por mucho que se esforzara, cuestión que le costaba reproches de su ‘profesora’.
Él se ponía a hacer sus deberes con la mejor intención, pero al poco rato era imposible: se distraía, se cansaba… y acababa llorando diciendo que él no podía hacerlo. Esto sentándome yo con él, nada de trabajar solo. Yo no creía que estuviera demandando mi atención ni nada parecido, ya que esos ratos no lo pasaba bien nadie. La verdad es que las tareas eran un tormento diario. Y de leer ni hablemos, claro.
Por casualidades que no vienen a cuento, oí hablar de la Optometría Comportamental y me decidí a consultar. Conocí a Rosa buscando en Internet. Llamé por teléfono, hablamos, me explicó y aclaró todas mis dudas y fuimos a consulta. La verdad es que fue la mejor decisión que pude tomar.
Como ya sabía, mi hijo tenía una agudeza visual perfecta (por lo que en las revisiones ‘normales’ de la vista nunca encontraban nada), pero tenía otros problemas que le hacía perder la línea, saltar palabras, cansancio para cambiar el enfoque y reflejos activos que afectaban a su escritura.
Estuvimos en terapia durante un año aproximadamente, pero antes de acabar el curso (comenzamos un septiembre/octubre), ya iba él solo a su cuarto a hacer la tarea si tener que decirle nada… en un tiempo record (a veces demasiado rápido :)). El cambio ha sido radical en todos los aspectos, no sólo en las tareas. Él está más tranquilo (al final tenía también problemas de ansiedad), no se cansa tan pronto con las actividades de lectoescritura y tiene confianza en su trabajo. Estoy segura que si no hubiéramos ‘descubierto’ a Rosa, ahora sería un el típico niño con la autoestima por los suelos, malas notas y del que se diría que ,’¡qué pena, con lo listo que es, sino fuera tan vago…!’
Solo puedo deciros que no creo que ningún niño rechace aprender sin algún motivo, ni creo que quieran ‘fastidiar’ a los padres negándose a estudiar. Siempre hay alguna razón que tenemos que descubrir para ayudarles. En mi caso, la encontré en la consulta de Rosa.
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I. era un niño siempre muy dispuesto a mejorar y cambiar su situación escolar, acudía siempre contento a cada sesión de terapia y trabajaban muy bien en casa. Él mismo vio la mejora y eso le motivó a realizar y acabar el tratamiento.
Muchas gracias por vuestro buen trabajo, fue muy fácil ayudaros :)
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Quisiera compartir con otras familias mi experiencia con las terapias sobre la visión por si alguno se siente identificado y pueden ayudarle.
Tengo un hijo que ahora tiene 12 años y ha terminado primero de la ESO con buenas notas. Como a la mayoría de los niños, le encantaba que le leyera cuentos desde bebé. Como a mí me gusta mucho leer, era una cosa que hacíamos a diario. Sin saber leer, era capaz de recordar los títulos de los cuentos y el orden en la que estaban en el libro con una sola vez que los leyera, así que pensé que cuando empezara a leer iba a ir corriendo a por los libros a leerlos el mismo.
Aprendió a leer normalmente en el último año de infantil, de hecho fue de los primeros que aprendió… pero no quería saber nada de leer el sólo. Al principio no le di importancia y le seguía leyendo yo y las cosas iban normalmente en el colegio con un buen rendimiento.
Las cosas se complicaron en tercero de primaria. Comenzó a tener tareas muy pautadas, copia de enunciados, textos… Eso fue un infierno. Era imposible avanzar en las tareas. Actividades de media hora se alargaban hasta 4 horas. Además tenía mala letra y presentación de los trabajos por mucho que se esforzara, cuestión que le costaba reproches de su ‘profesora’.
Él se ponía a hacer sus deberes con la mejor intención, pero al poco rato era imposible: se distraía, se cansaba… y acababa llorando diciendo que él no podía hacerlo. Esto sentándome yo con él, nada de trabajar solo. Yo no creía que estuviera demandando mi atención ni nada parecido, ya que esos ratos no lo pasaba bien nadie. La verdad es que las tareas eran un tormento diario. Y de leer ni hablemos, claro.
Por casualidades que no vienen a cuento, oí hablar de la Optometría Comportamental y me decidí a consultar. Conocí a Rosa buscando en Internet. Llamé por teléfono, hablamos, me explicó y aclaró todas mis dudas y fuimos a consulta. La verdad es que fue la mejor decisión que pude tomar.
Como ya sabía, mi hijo tenía una agudeza visual perfecta (por lo que en las revisiones ‘normales’ de la vista nunca encontraban nada), pero tenía otros problemas que le hacía perder la línea, saltar palabras, cansancio para cambiar el enfoque y reflejos activos que afectaban a su escritura.
Estuvimos en terapia durante un año aproximadamente, pero antes de acabar el curso (comenzamos un septiembre/octubre), ya iba él solo a su cuarto a hacer la tarea si tener que decirle nada… en un tiempo record (a veces demasiado rápido :)). El cambio ha sido radical en todos los aspectos, no sólo en las tareas. Él está más tranquilo (al final tenía también problemas de ansiedad), no se cansa tan pronto con las actividades de lectoescritura y tiene confianza en su trabajo. Estoy segura que si no hubiéramos ‘descubierto’ a Rosa, ahora sería un el típico niño con la autoestima por los suelos, malas notas y del que se diría que ,’¡qué pena, con lo listo que es, sino fuera tan vago…!’
Solo puedo deciros que no creo que ningún niño rechace aprender sin algún motivo, ni creo que quieran ‘fastidiar’ a los padres negándose a estudiar. Siempre hay alguna razón que tenemos que descubrir para ayudarles. En mi caso, la encontré en la consulta de Rosa.
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I. era un niño siempre muy dispuesto a mejorar y cambiar su situación escolar, acudía siempre contento a cada sesión de terapia y trabajaban muy bien en casa. Él mismo vio la mejora y eso le motivó a realizar y acabar el tratamiento.
Muchas gracias por vuestro buen trabajo, fue muy fácil ayudaros :)
Publicado por
Rosa M. García Hdez
en
1:21 p. m.
Etiquetas:
agudeza visual,
ansiedad,
escritura,
lectura,
leer,
optometría comportamental,
terapia visual
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